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sábado, 28 de septiembre de 2013

De la degradada sociedad.¿Quien es culpable?..

En Pineda de Mar (Barcelona) Sábado  28 de Septiembre de 2013..Mi reflexión del día:

¿En que sociedad vivimos?.¿Que nos esta pasando?.Hoy he presenciado algo, que me ha dejado atónito.


Iba un señor caminando; y sin darse cuenta, tropezó con una maceta, que una señora había puesto en medio de la acera; el hombre se fue a tierra, pegándose un buen porrazo; ¿y que creéis que dijo la señora?,pues algo que aun no salgo de mi asombro ,¡¡¡Ahora tendrás que pagarme la maceta!!!, en vez de preocuparse por lo que le pudiera haber sucedido al hombre. Y por esa mi pregunta, ¿habremos perdido toda clase de humanidad?..


Decía Antonio Machado que “Todo necio confunde valor y precio”.Yo también diría. que se confunde la generosidad, con el desprecio..(por lo que vi en esta señora).



Esta frase,(la de machado); me parece una verdad como un templo. Las cosas importantes de la vida, las que tienen un valor, no tienen precio. Al menos económico y valorable. Y menos mal que es así porque si no, los ricos tendrían acceso a todas las experiencias maravillosas de la vida; y los demás nos quedaríamos al margen.

Es cierto, que muchas cosas materiales se alcanzan con más facilidad; con dinero, pero no es menos cierto, que esos elementos que hacen nuestra vida más auténtica no se compran. La familia, la salud, una palabra amiga, un gesto de consuelo cuando estamos mal, una llamada de alguien querido, no son valorabl
es en dinero y su valor es incalculable.


Estamos viviendo en una sociedad, que trata de alterar algunos de estos principios, para mí básicos. Todos conocemos algún caso de personas que deciden acudir a otros países a gastar auténticas fortunas en tratamientos médicos, despreciando una de las mejores sanidades del mundo, como es la nuestra. Sin embargo también conocemos los resultados, a veces dudosos, de esos viajes hacia lo desesperado. Porque no siempre el dinero garantiza la salud.

Y del mismo modo también sabemos de historias de amor, que más tienen que ver con la cuenta corriente y el estatus que proporcionan, que con auténticos sentimientos de cariño y entrega. Porque no siempre el dinero garantiza el amor.

El valor de los pilares de nuestra vida, no parece tener asignada una cuantía monetaria.

Y si la tiene, en ocasiones, es tan baja que nos pasa desapercibida. A menudo lo que contribuye a nuestra felicidad; o al bienestar son cosas poco perceptibles: la sonrisa de tus nietos; cuando le vas a buscar al colegio; la mirada de agradecimiento de una madre; cuando la llevas de paseo; la palmada de un amigo (cuando es verdadera); y que te ha sentido cerca, Y esas sensaciones ni tienen precio, ni admiten rebajas; o descuentos. Porque no siempre el dinero garantiza la felicidad.

El precio, es el importe que hay que pagar; por un producto y el valor es el beneficio que nos va a reportar.

Espero que os sirva esta reflexión para pensar en nuestro mercado inmobiliario, de los últimos años. ¿hemos pagado el precio de las casas en relación a su valor, o nos hemos vuelto locos y ha saltado por los aires cualquier relación lógica entre ambos principios?..

El mercado reventó y nos llevó por delante. Creíamos haber encontrado la gallina de los huevos de oro, adjudicando a las viviendas precios desorbitados sin correspondencia con su valor.

Y este disparate nos ha pasado factura. Claro, ha sido inevitable. Tal vez tengamos que rebobinar y hacer el ejercicio de pensar cuáles son las cosas que valen dinero, y cuáles las que tienen poco coste; y sobre todo, las que nos generan valor. Acabo con otra frase que decía el multimillonario griego Aristóteles Onassis: “el dinero no da la felicidad, pero calma los nervios”.

Lo dicho: Cada cual que lo medite y le dé el valor que le merezca.

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